PUELL DE LA VILLA, Fernando.
"Historia de la Protección Social Militar (1265-1978).
De la Ley de Partidas al ISFAS".
Prefacio de Luis Enrique de la Villa Gil
Prólogo de Isidro Sepúlveda Muñoz.
INSTITUTO SOCIAL DE LAS FUERZAS ARMADAS.
Madrid. 2008. (pags 164-166)
PÍNFANOS DIGITAL recomienda la lectura de este mágnifico libro, que dedica su capítulo 4º al estudio de "La época de los Colegios de Huérfanos (1875-1936)", del cual hemos extraído los siguientes párrafos e ilustraciones, sobre:
LOS ORÍGENES: LOS COLEGIOS DE HUÉRFANOS DE LA INFANTERÍA
Hospital de Santa Cruz de Toledo:
Asilo de Huérfanos de Infantería, 1874
(La Ilustración Militar)
El toledano Hospital de Santa Cruz, situado al pie del Alcázar, fue la primera sede del Asilo de Huérfanos fundado en 1871 para acoger a los hijos e hijas del personal encuadrado en el Arma de Infantería, desde soldado a general, que hubiese fallecido y perteneciese a la asociación filantrópica que lo sufragaba. Los huérfanos permanecieron en Toledo hasta 1887, año en que se trasladaron a Aranjuez, al edificio donado por la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena, viuda de Alfonso XII, cuyo interés y dedicación hacia ellos mereció que los allí educados se preciasen desde entonces de ser apodados «cristinos» y «cristinas».
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María Cristina, sin duda por vivir en directo tamaño infortunio(*), se convirtió en paladín de los huérfanos. Fidelísima cumplidora de su papel constitucional, se abstuvo de promover por sí misma nuevas instituciones de acogida, pero cuantas de las existentes imploraron su auxilio la encontraron siempre proclive a prestarles apoyo institucional y económico. Apenas llevaba dos meses desempeñando la regencia cuando la biológica extinción de aspirantes a ingreso en el Colegio de Huérfanos de la Guerra de Guadalajara, que acogía únicamente a los de la contienda carlista, estuvo a punto de provocar su cierre. Al conocer que el establecimiento inaugurado por su esposo en 1879 iba a desaparecer, convenció a Sagasta de que se modificaran sus estatutos a fin de permitir la admisión de «huérfanos de empleados públicos fallecidos o inutilizados en el desempeño de su destino o prestando algún servicio al país», prorrateando las 200 plazas disponibles —la mitad para niñas y la otra mitad para niños— entre los diversos departamentos ministeriales22.
(*) La muerte reciente de su esposo SM D. Alfonso XII

El Colegio de Huérfanos de la Guerra de Guadalajara, 1879
(La Ilustración Española y Americana)
Desde el Renacimiento, los monarcas españoles sufragaron diversos orfanatos para hijos de militares muertos en acto de servicio. Uno de los proyectos más ambiciosos y perdurables fue el Colegio de Huérfanos de la Guerra, fundado en 1876 para acoger a las víctimas de la Tercera Guerra Carlista. Tres años después Alfonso XII inauguró personalmente la benéfica institución, que se hizo cargo de la educación y manutención de un centenar de niños y niñas en el Palacio del Infantado de Guadalajara, donado a tal efecto por su anterior propietario el duque de Osuna.
La crónica penuria de fondos del Colegio de Huérfanos de la Infantería, ubicado desde 1872 en el Hospital de Santa Cruz de Toledo, impedía remozar las instalaciones del vetusto edificio y el Ayuntamiento, que había destinado importantes fondos para que la Academia General Militar, fundada por Martínez Campos en 1882, se estableciese en el Alcázar, no parecía dispuesto a nuevos desembolsos. Por segunda vez, la regente salió al paso y donó a la Dirección General de Infantería el inmueble denominado Cocheras de la Reina Madre Isabel de Farnesio, ubicado en Aranjuez y propiedad de la Corona. El 29 de enero de 1887, una vez reformado para adaptarlo a su nuevo cometido por el Ayuntamiento del Real Sitio, María Cristina inauguró la que iba a ser su institución preferida, que un año después tomaría su nombre y cuyos pupilos se preciarían de ser llamados «cristinos» y «cristinas» hasta nuestros días23.
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Volviendo al tema de los huérfanos, en marzo de 1888, todavía en tiempos de Cassola pero por iniciativa de Segismundo Moret, que desempeñaba la cartera de Gobernación, el Colegio de Huérfanas de La Unión, ubicado en Aranjuez desde 1835, terminó también en Carabanchel, en las caballerizas de la finca de Vista Alegre, cedida a la Beneficencia General del Estado por los testamentarios del marqués de Salamanca, quien había muerto allí el año anterior. Regido por la congregación de las Hijas de la Caridad, la mayoría de las acogidas eran por entonces huérfanas de guardias civiles y carabineros muertos en acto de servicio, que cursaban enseñanza primaria, bachillerato, magisterio, música y secretariado27.
La atención prestada por la regente al orfanato de Infantería suscitó que las Inspecciones Generales de Caballería y Artillería sondeasen la opinión de la oficialidad sobre la conveniencia de crear uno similar28. Los artilleros no parecieron interesarse por la cuestión y el proyecto quedó olvidado hasta los albores del siglo XX. Los jinetes, sin embargo, respondieron positivamente a la carta que les dirigió su inspector general, Luis Prendergast, proponiendo crear un establecimiento que, a diferencia del de Infantería, sólo acogería a los huérfanos de los oficiales.
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(seguirá con otras Armas)